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Tú y Yo

Siempre que se acerca la fecha, surge de nuevo la polémica sobre si San Valentín es sinónimo de amor o de consumismo. Yo creo que al igual que con los cumpleaños y las Navidades, es una fecha que tiene el significado que nosotros queramos darle.

A mí me gusta dedicar al 14 de Febrero a reflexionar sobre todo el amor que hay en mi vida y lo profundamente agradecida que estoy por ello. No es una reflexión que haga sólo una vez al año, ¡ni mucho menos!, pero me he acostumbrado a hacerlo y este año quiero compartirla con vosotros. Y más concretamente, CONTIGO.

Crecí creyendo firmemente en el amor verdadero, probablemente fruto de la influencia de las pelis de Disney y de las novelas con pinceladas románticas que devoraba por las noches. Y sin embargo siempre tuve la certeza de que la probabilidad de encontrar a mi alma gemela, en un mundo tan grande, era minúscula.

Recuerdo que al entrar en la adolescencia empecé a escribirte poemas y canciones (muy cursi, I know), imaginando dónde estarías y soñando con encontrarte.

Y fue justo por aquella época, cuando mis padres decidieron que nos mudáramos a aquella urbanización vetusta y aislada del mundo, en la Sierra de Madrid. Mi hermano estaba súper feliz, porque podía pasarse días enteros construyendo cabañas en el bosque y chapoteando en el riachuelo que había a escasos cien metros de nuestra nueva casa. Mis padres estaban encantados con la tranquilidad y la desconexión de la vida urbana. Pero yo… Yo estaba completamente desesperada. Me parecía una casa preciosa, con jardín privado y piscina y no tenía que compartir baño con mi hermano… pero era una vida taaaan solitaria y taaaan aburrida. Creo que en parte por eso me volví tan nerd: empecé a diseñar páginas web, dedicaba horas y horas a la guitarra y la poesía y me viciaba a videojuegos con mi hermano.

Había un autobús que cruzaba el vecindario varias veces al día, en dirección a Madrid. Pero mis padres, siempre tan protectores y estrictos, no me dejaron cogerlo hasta mi época universitaria.

Fue precisamente en ese autobús donde te conocí, una mañana de primavera, varios años y varios desamores después. No fue como en las pelis: cuando la chica ve al chico, el tiempo se para y se dan cuenta de que estaban predestinados a encontrarse. No fue para nada así.

Ambos íbamos camino de un examen, en la misma escuela de ingeniería, misma especialidad, pero con dos cursos de diferencia. Llevábamos más de una década viviendo a cuatro calles de distancia y los últimos tres años yendo a la misma universidad y, sin embargo, nunca habíamos coincidido. Me acerqué a ti y empezamos a hablar. Y aquel fue el primero de muchos días que nuestras vidas se cruzaron.

Con el paso de los años te convertiste en mi mejor amigo y confidente. Podía pasarme horas hablando y riendo contigo, sin cansarme nunca de tu compañía. Era consciente de que teníamos una conexión especial, pero no me di cuenta de lo que realmente sentía por ti hasta 2012, cuando esas cuatro calles de distancia se convirtieron en miles de kilómetros de tierra y agua, y varios husos horarios entre nosotros.

Sin embargo, la vida da mucha vueltas y dos años más tarde nos reencontramos en Madrid unas Navidades. Y sólo entonces supe que nunca jamás nos separaríamos.

Dejaste todo y me seguiste a Reino Unido, donde hemos construido un hogar y una vida llena de sonrisas y aventuras. La primavera pasada me regalaste un viaje sorpresa a Nueva York y una mañana, mientras paseábamos por Dumbo Park, me pediste que fuera tuya para siempre.

Desde entonces nuestra vida ha estado sumida en un torbellino de preparativos, de selección de proveedores y de intentar armonizar las expectativas y deseos de todos, dando prioridad a los nuestros. Estamos viviendo una etapa preciosa, que jamás pensé que viviría con tanta ilusión (yo, la que decía que no se iba a casar nunca… ) y es todo gracias a TI.

Una vida contigo es la mejor de todas las aventuras y más de lo que nunca pude desear. Una vida de tú & yo.

Las fotos de este post son de Roland Dan , un fotógrafo con muchísimo talento al que descubrí por casualidad hace unos años. Acababa de mudarme a Inglaterra y una tarde trasteando con el iPad, vi en mi feed de Facebook las fotos de la sesión de compromiso de un antiguo compañero de colegio. ¡Y me encantaron!

Cosas del destino, a principios del año pasado descubrí que Roland se había mudado a Inglaterra, y que vivía relativamente cerca de nuestra casa. Así que decidí contactar con él y pedirle una sesión de fotos de pareja. Sin embargo el clima inglés nos hizo posponer la sesión durante varios meses, y al final se convirtió en nuestra sesión de compromiso 🙂

 

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